Lo que cuenta es el interior.
Hace más de dos años que estrené blog por esa necesidad que tenemos todos de hablar y ser escuchados, pero en formato blog. Ahora, más mayó (cosas de la edad y del transcurso del tiempo), lo tengo como una especie de recordatorio de todo lo acontecido hasta el momento. Hay posts con los que yo sola me parto de risa (qué buena soy, po dió :P), y otros que no me gustan nada (qué mala soy, po dió). Sólo el que gusta de guardar sus recuerdos, sabe el cariño con el que se guardan los diarios, y el trato que se le da a las cosas que no queremos perder ni estropear. De ahí que haya cambiado la plantilla, ahora que se puede (un saludo a los de Hispavista) (un bravo por ellos)
Conservo cada uno de los posts que escribí. No puedo decir lo mismo de los comentarios que, repito, tengo que censurar de vez en cuando por ser inapropiados (por no decir otra cosa). Con lo divertida que puede ser la experiencia de escribir para que te lean, para que venga alguien y quiera dejar una huella de su triste existencia en este valle de lágrimas, que no tienen que ser de llanto precisamente.
Por mucho que le cambie la cara al blog, lo que hay es lo que habrá siempre. Lo que escribo, aquí se queda. Hay buenas y malas épocas. Hay buena y mala gente. Hay amigos o enemigos. Yo soy demasiado radical para todo, pero opino que nunca es tarde.
Nunca es tarde para rectificar.
Aún hay tiempo.
Ps: Anda que no me he puesto profunda ni ná... Tranquilos. Enseguida se me pasa. Es que tengo hambre...