"La llamaremos"
Mientras que no me llamen de todo menos bonita, eso de que me digan "la llamaremos" en una entrevista de trabajo tiene su puntito de humor...
Con más sueño que otra cosa, con mi arruga de almohada cruzándome la jeta desde la frente hasta el hombro, pasando por la barbilla, me he levantado mu repronto hoy. He hecho la cama, me he vestido y me he aseado (qué palabra tan corta para decir que he hecho pipises varios (si, una hace pipí de vez en cuando ¿sorprendidos?), me he lavado los dientes, me he lavado la cara, me he peinado, me he puesto crema, me he maquillado y me he perfumeteado un poco). Luego, he desayunado bien (demasiado bien) y he salido de casa con un impecable conjunto de pantalón color beige y camisa negra.
Como en mi aldea no para el tren que me lleve a los Madriles, pues he tenido que coger otro que me acercara a la estación más cercana en la que sí hace parada ese tren. Mientras esperaba, me ha dado tiempo a tomarme un cafelito con lechita en la cafetería, viendo cómo la gente, como yo, se había levantado mu repronto (debería estar prohibido). Ha llegado el tren y me he aposentado en mi respectivo asiento. Toma ya, de frente. No había caído en qué dirección me iba a tocar, pero eso de que los trenes tengan dos tipos de asientos (de cara o de culo) es muy mala idea (también debería estar prohibido)
Digamos que en el viaje de ida el tren no ha pinchado ninguna rueda... Mientras, me he leído la mitad de un libro...
Al llegar a los Madriles lo primero que he hecho ha sido buscar el Ministerio de Agricultura. Lo he visto (Atocha ta hecha una pena, oiga) y me he encaminado hacia mi destino: la centrísima Gran Vía (no sé, pero siempre acabo allí cada vez que voy a la City). Pero como he llegado pronto, para hacer tiempo, he vuelto a una cafetería en la que desayuné un día el finde que me fui a Madrid: el Café & Tea que está pasando la Plaza de España. Es que me apetecía garbear un poco... Pero es que casi se me ha hecho tarde a la entrevista...
Llego a uno de esos edificios la mar de históricos por fuera y supermodern-nos por dentro y lo típico: le preguntas a la recepcionista, te pregunta el nombre, te busca en una lista, te encuentra, te manda a un piso en concreto, te vas al ascensor, llegas al piso antes mencionado, vuelves a preguntar, te dicen que esperes, por favor... y esperas. No hay nadie más esperando. Yo he llegado cinco minutos antes de la hora, pero me han hecho esperar diez. Uuuuuuuuh, qué mal rolloooooooooo... Malo. Empezamos mal. Si yo no quería ir, así que esto ya no mestágustandoná...
Sale un hombre a-co-jo-nan-te (porque era como un armario ropero de grande y daba yuyu, me hacía sombra) y se presenta: en pocas palabras, el de recursos humanos. Po fale. Entramos a una sala muy grande y acristalada y nos sentamos frente a frente. ¿Experiencia? ¿Porqué quieres trabajar para nosotros? ¿Movilidad geográfica? ¿Cambio de residencia? ¿Qué conoces de este campo? ¿Te dijeron que era para unos meses en verano, no? y varias preguntas chorras más de ésas que te hacen (¿Cuáles son tus aspiraciones económicas?) (joer, si aún no he entrado, ¿¡cómo voy a pedir dinero ya!?)
"Te llamaremos", me dice al final de la entrevista. Pues vale, pienso yo. Me despido con un apretón de manos sabiendo que no me van a llamar. Por lo menos, no ahora. Más adelante tal vez, pero no ahora. Pero trabajar en una empresa así, tan regrande, como que mola mucho, y a una le hace ilu meterse en algo más chic... (me veo a mi madre presumiendo de hija porque trabaja en telecomunicaciones... y hasta ahí puedo llegar) XD
Tras salir de la entrevista, que habrá durado media hora, me he dado otro garbeo hasta la Cibeles (oe oe oe...), mirando qué movida tienen los conductores entre semana, que la gente no anda: corre directamente por las aceras. La de autobuses que hay... La calor que haceeeeeeeeeee!!!! Hasta me he atrevido a acercarme al Thyssen y ver los arbolitos de la discordia... Siguen ahí, por lo menos los que yo he visto :P
Se me ha vuelto a ir la hora, así que me he ganado a pulso la medalla de oro de maratón al conseguir llegar a tiempo a la estación para volver a coger el tren de regreso. El maquillaje ha dejado de hacer efecto: notaba cómo se me resbalaba del sudor... Esto ha sido un viaje rápido, casi la visita de un médico. Zis, zas, listo. No creo que me llamen, por lo menos ahora, pero bueno... Que mientras no se les olvide llamarme, es suficiente.
De regreso en el tren, me he terminado el libro, he comido un peazo sangüich calentito y NO he sido yo la que ha fumado en el báter... (que no, de verdad) (que no insistáis)
Y sigo pensando lo mismo que cada vez que voy a Madrid:
1. Me encanta el Ministerio de Agricultura.
2. Me siento mu de pueblo allí (cateta total: eso sí, feliz del tó)
3. Me gustaría vivir allí.
...Así que, herbados bíos: llamadme. Cuanto antes, pero no para un par de meses.
Al llegar a casa, sorpresa: el cartero tiene una carta para mí (pero la ha dejado en el buzón). He sido seleccionada para una entrevista en una especie de "contrato basura" que hacen ahora las administraciones públicas para trabajar en el ayuntamiento del pueblo. Y el sueldo es mísero... (si os dijera cuánto...) (oigs, tanto estudiar durante toda la vida para esto...). Tengo que llevar también unos papeles para que me llamen para la entrevista...
...No sé qué es peor. Poco o nada.
Si es que no pué ser...