Chicles de clorofila.

Este es otro de mis vicios. Nada de chicles dulzones de fresa. Para mí, andestén los chicles de clorofila que se quiten los demás. Ya pueden darme calambres en la quijada, rompérseme los dientes a fuerza de masticar, pero es un placer del que no me privo.

 

Ayer fui al dentista. Dijo que la boca la tenía bien (una mierd...), así que empezó a arreglarme una muela (otra, total, qué más da...) no sea que me quede mellica y acabe trabajando en tv haciendo de cuñao (total, la vacante como aún no está cubierta, hay esperanzas). Como no se me despertó la sensibilidad del labio y de la lengua hasta casi la media noche, casi parecía extranjera cuando hablaba (¿be daz un vazo de abua?), así que he tenido que postergar mi ración de chicles de clorofila hasta hoy, cuando he podido rumiar a gusto.

 

Pero es que a mí el dentista no me da miedo. Es más, me relaja. Creo que es el único tío que me deja la boca abierta durante horas (a pesar de la hora y media de retraso de ayer...). No me dan miedo esos cacharritos que tiene (el del aire, la cánula aspirativa, la fresadora...) y a pesar de tener unos ruiditos insoportables (fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiuuuuu....), que te salpica la cara cuando empieza a excavar en la caries, que te mete una parte de él en tu boca (los dedos, hablo de los dedos)... me entra un sueño... Casi estoy por decirle que se ahorre la anestesia, porque este hombre tiene el don de tocarme un diente y entrarme una modorra im-pre-sio-nan-te. Menudas siestas me pegaría yo en la butaca esa... (lo sé, lo sé, yo no soy de este planeta).

 

Cuando oigo a alguien gritar o gemir por un empaste en la habitación de al lado, yo siempre me sorprendo de porqué yo no le tengo miedo al dentista (será que como tanto fue el cántaro a la fuente...) y me entra esa somnolencia repentina.

 

 

No es que sea valiente, ni más valiente que nadie. Pero, en cambio, al médico al que no me gusta ir es al/la ginecólogo/a. Sobretodo cuando te dicen: "siéntate en el potro", y te sientas. "Pon las piernas ahí". No hay escozor más indescriptible que el de una especie de embudo metálico que te meten por ahí, y se abre con un cla-cla-cla-cla. Una vez con la cosa adoloría, ya te puede hurgar para citologías y leches, que ya no te enteras de ná. Y ahí no miras si el ginecólogo es guapo, porque a mí, por lo menos, me cae mal, fatal, lo odio, odio a su gente, su vida, sus muelas... Y te sorprende que un tío (si es el caso) tenga una parte de él dentro de tí (los dedos también en este caso) y te saque tu parte violenta y asesina (tócame más de lo que debes y mearás por la oreja) y pienses que tanto tapar el asunto pa qué, si luego lo vas enseñando cada vez que vas al ginecólogo...

 

...Anda, las muelas... Que yo estaba hablando de muelas. Yo estaba hablando de los chicles de clorofila. Ya me he ido del tema. A lo que iba: que prefiero ir al dentista que al ginecólogo.

 

Total, las muelas las utilizo.

 

 

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Añadir un Comentario:



Inserta aquí el código de verificación que ves en la imagen.

Acerca de suspirosdeuntabique

Este es el sistema de noticias de la web de Acerca de suspirosdeuntabique.

...Y no tiene Rew, ni Play, ni Pause... Y se llama LIBRO!!!

Categorías


aviso
renovacion

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar

Albergado en:blogdiario.com Un servicio de HispaVista Contador gratis contadorplus.com