Temporada de disfraces.
Gracias a Leocricia por sugerirme el título de este post (sin ella, yo no sé qué sería de mí) (que se haga un blog a la de ya!!!!) (ah, que ya lo tiene... y sale en bikini) XDDDD
A la de ya necesito leer un blog de Olimpia (chica, anímate, si luego no duele ni nada...)
Pues a lo que iba.
Estamos en primavera, que la sangre rebulle (no rima, pero es cierto), y es temporada de primavera-verano en cualquier tienda de ropa, así que los maniquís muestran mangas cortas, faldas-cinturón y sandalias. Todos sabemos que los maniquís son seres inertes que ni sienten ni sufren en silencio el problemas de las hemorroides... Y que porque sea primavera, no significa que ya colguemos el abrigo. Por ejemplo, yo hace un mes que tuve que prescindir del abrigo por una ola de poniente que pasó por aquí, y me vi en tirantes por casa, como un Village People cualquiera... Luego volví a otro abriguito más finillo, para ahora utilizar la chaquetilla. Yo soy como un termómetro, pero restándole grados, siempre tengo frío. Las hay peores, eh? de no soltar el cuello alto hasta casi agosto...
Vas por la calle ahora, en estos días soleados, y te cruzas con una chica. Y piensas... ¿en qué mes estamos? En agosto?... ah, no, en abril... (vale, ya estamos en mayo, pero yo en lo que llevo de mes aún no he salido a la calle ni he visto a nadie) y mientras tú vas con tu chaquetilla, tu jersey, la camiseta interior... ella va con unos tirantitos, piratas y sandalias. Y piensas: anda, el maniquí de la tienda cobró vida, pero ves que no, que la chica es real, hasta lo mismo te saluda y todo... Y piensas de nuevo: o yo soy muy friolera, o es que ésa tiene demasiada calor. Pero 19-20 grados no son temperaturas para tirantes. Vamos, por lo menos para mí, que me entra de nuevo la dentera cuando veo un tirante antes de junio.
Y sigues caminando tan tranquila, cuando otro modelito de playa surge ante tus narices. También tirantes. O eso, o es que lleva un jersey abajo del mismo color que la piel y no se le nota ná... Y no, es que la chica tiene calor... Y a mi me parece bien. Pero... ¿¿¿tanta calor tiene??? Me vuelve la dentera y cruzo los brazos para recogerme del frío invernal que se apodera de mí cuando veo un tirante antes de tiempo.
De repente, llegas a un lugar concurrido, y... ¡tachán! Ves conjuntos alternados en la acera. Gente en manga corta junto a gente con abrigo... dos amigas con tirantes charlan con otra que tiene bufanda... Y ya entras en rigidez ante mortem, se te han roto los dientes de tanto castañetear porque no entiendes ya en qué mes estamos, si el termómetro digital de la farmacia que te cruzas va bien, y si estás enferma y no te has enterado o son esas pobres chicas que tienen calor, cuando el aire que hay te ha helado los ricillos de la nuca, y piensas que sólo estás a 20 grados, que llevas chaqueta, no llevas bufanda, y que te has cruzado con una amplia gama de abrigos y camisetas de tirantes en tan sólo unos pasos.
¿Es carnaval? ¿Ha llegado el buen tiempo y no te has enterado? Y miras algo infalible: los niños. Y ves que llevan una chaqueta, como tú, y que llevan pantalón largo y leotardos, como tú. Y piensas: o he rejuvenecido veinte años (por la manía de las madres de abrigar bien al niño), o éstos son de los míos... Así que miras los tirantes y te abrochas la chaqueta, metiendo las manos en el bolsillo, buscando el sol al caminar, mientras las de las camisetas están charlando, con los brazos cruzados, la piel de gallina, sufriendo porque les ha tocado pararse a hablar con alguien en donde hay sombra.
Porque cuando hace calor, lo hace para todo el mundo, y ahí si que sobra chaquetas y todo el mundo reacciona igual... Es más... Otro día hablaré de los que se ponen manga larga en pleno agosto. Ah, y de negro.