Preferencias.
Venga, hoy estoy escritora, así que os cuento qué he hecho esta tarde.
Una amiga y yo (a la que llamaré Alfonsa) nos hemos ido a tomar café a la hora de la merienda. En vez de café, nos hemos pateado la calle principal de la ciudad/pueblo/aldea donde residimos y hemos mirado todas las tiendas de ropa. Yo no soy de irme de compras, pero cuando te das cuenta de que los pantalones te vienen como a fofito, pues nada, es hora de cambiar de talla (huy, pos no he perdío yo...)(cómo se nota que ya no hay barquillos de turrón)
Para reirnos, nos hemos metido en una tienda, cuyo nombre de franquicia no voy a poner, en la que la ropa es casi un disfraz. Vamos, que en vez de chicas, ahí se visten las espaisguerls, y Alfonsa y yo pegábamos el cante por la talla, la edad y por... vamos, porque éramos más clásicas que ellas. Bueno, me tiro en plancha sobre los pantalones (lo único de interés en esa tienda para mí) y... me encuentro la talla 34. ¿La 34? ¡Pero si a la Barbi le viene eso pequeño! Sigo buscando entre el color que me gusta... ajá, la 42 (ups, se me escapó). Me los pruebo... Dios, me estoy poniendo mirándome yo en el espejo... Abro la cortina del cambiador no sea que cometa alguna locura conmigo misma... Alfonsa está con los bolsos, una especie de bolsa de la compra de ésas de hule, pero con bolsillos fuera de color crudo, rojo, verde y negro.
-Tia, cuál me compro...-me dice. Yo, ya que me he visto fabulosa (la 42 no la usaba desde antes de la primera guerra mundial), me he ido a por una camiseta de manga corta. Ups, mi talla (ésta si que no la digo), me la pruebo... Diosssssss... ¿habéis visto alguna vez alguna película de la época de la revolución francesa, esos vestidos con esos escotes que parecen huchas...? Bueno, pues algo así. Tengo que tapar mi hucha, pienso, así que me voy a las camisetas interiores y me pillo una con puntillitas y tirantitos, mu mona ella. Me la pongo debajo de la otra... perfesto. La hucha no se ve.
-Tía, qué bolso te comprarías??-me pregunta otra vez Alfonsa... Yo alucinando aún con mi talla (coñocoñocoño, que me he quedao sin tripa, quién se la ha encontrado...), mientras ya estoy pensando cuándo ponerme el conjunto completo (ostis, la 34 existe... y la 48 también el año pasado...)
Miro por si hay algo más que me pueda gustar... Nop, lo que queda son disfraces de espaisguerls o de payasito, y el resto de pantalones son el mismo modelo que el que me llevo yo pero de diferente color, así que me voy a caja a pagar... Alfonsa, ante esa duda que no la deja vivir, se retira de la percha de los bolsos quejándose "tía, que no sé cuál comprarme... pero es que tengo dieciocho...". Joer, yo que me compro uno cuando se me rompe el anterior...
Salimos de la tienda, yo triunfante (he encontrado algo que me gusta!!!), Alfonsa en plan quejica "tía, qué asco que das, no sé qué has hecho, pero estás muy flaca". "A tí lo que te pasa es que no te has comprado nada". "Joder, claro que no me he comprado nada, no sabía por cuál decidirme..."."Ah, pues yo venía a por pantalones y vengo conjuntada..."."Claro, como te has quedado tan flaca... ahora te viene todo bien, asquerosa, mírame el culo a mí..."."Joer, y por una mierda de bolso de plasticuzo la que me estás dando...". "Pues si..."."Pues qué quieres que te diga"."Lo que has hecho para adelgazar"."Comer kiwis, no te jode..."."Pero yo soy alérgica a los kiwis"."Tía, pues cómprate el bolso y calla..."."Pero cuál me compro...".
Tomamos café y nadie resulto herido.
Pd: No estoy asquerosa. Y ya dije que había perdido peso. Vamos, nada que no se pueda recuperar...