De aquí a la eternidad.
Cuando yo era niña, mi madre encargó unos retratos al óleo de los tres hermanos. Yo aún era visible para el resto de los humanos, así que puedo decir que no sólo salgo muy rica en el cuadro, sino que nada presagiaba en qué me iba a metamorfosear.
Pasados unos años, la relación con el pintor se volvió cordial. Como siempre nos pasábamos por su local para ir a cualquier sitio, los saludos se convirtieron en conversaciones, y sus palabras en invitaciones para contemplar su obra. No es que fuera un genio, pero tenía algo, y empezó a hacerse famoso, a exponer en muchos sitios y todo eso que hacen los pintores célebres. Incluso mi hermano fue durante un tiempo a sus clases de dibujo y pintura. Mi hermana y yo, gratis, aprendíamos de mi hermano lo que el pintor le enseñaba.
Un día el pintor quiso tener constancia de su obra. Con cámara en mano, fotografió cuanto él hizo, siempre que los actuales dueños le dejaran. Con infinita paciencia, las fotos fueron aumentando. Incluso llegó a mi casa a inmortalizarnos a los tres hermanos, qué ricos, tan monos ellos, y tan salvajes de mayores...
La semana pasada me crucé con este hombre en una calle. Llevaba un libro. Nos pusimos a hablar y le pregunté por el libro. Me lo mostró. Era alguien de la localidad que había escrito ese libro hablando de gente del pueblo. El pintor era una de esas personas. Él se extrañaba de que lo hubieran incluido porque hay pintores (bastante) mejores que él aquí, pero ahí estaba él. Entre la gente popular del pueblo.
-Así ya no me pierdo...-me decía.-Alguien, dentro de doscientos años, sabrá, gracias a este libro, quién era yo...
Seguramente, y sin ese libro, su fama durará un par de milenios gracias a su personalidad tan abierta.
-Por cierto, el otro día vino un hombre a encargar un retrato para su nieta, y le enseñé vuestras fotos de los cuadros para que viera cómo trabajo... y le gustaron-me dice antes de despedirse.
Estoy completamente segura que mi nombre no saldrá en ningún libro, y que dentro de doscientos años nadie sabrá quién fue ni qué hizo Eufrasia. Sólo me queda el consuelo de estar ahí, entre fotografías de cuadros, de un pintor que sí pasará a la eternidad. Y con él, entre tantos otros, mi retrato.
No haré nada histórico,y si hago algo en esta vida, que sea bueno. Pero el saber que, entre la obra de un pintor famoso, estamos mis hermanos y yo... como que también nos hace ser partícipes de la historia. De su historia. Bueno, que estuvimos allí.