Tengo dos plantas...
Bueno, en realidad una y media, porque esta última se me está muriendo. Y la cosa es que no le doy mala vida, la pongo a la luz, le doy sus dosis de agua y de abono, y ná. Que no quiere vivir, vamos. Dice que la vida es cruel. No, si eso ya lo sé, pero qué más quiere. Es una planta. Allá ella... Como se muera, la reemplazaré por otra, y volveré a tener dos plantas. O sea, que ella sabrá lo que hace. Y anda que el funeral de una planta no sale gratis... y más de su tamaño...
La primera planta que tuve fue un ficus. Para el que desconozca el salvaje y peligroso mundo de las plantas, esta plantita es un árbol que, como te descuides, acaba ocupando la habitación en donde la tengas, así que nada de trasplantarla de vez en cuando a otra maceta más grande. Y si la plantas en tierra directamente, entre sus proezas, está el levantar el suelo, tiene una capacidad de crecimiento increíble. Y unas peazo raíces que te cag*s. Se puede pasar semanas sin regarla, que aguanta la jodía. Pues a pesar de su resistencia, falleció cuando la dejé en la escalera un día y la viejademierda la tronchó. Y eso que la planta tenía ya doce años (me la dieron en una inauguración). Hay que ver cómo en un minuto se pierde una vida. Bueno, una planta. Mi planta.
Ya he dicho que tengo dos plantas, y no son las de los pies (entonces tengo cuatro plantas, sumándolas todas).
...Y si voy a tirar la planta si se muere... ¿porqué me preocupo?