Fachada.
Por motivos de trabajo, he acabado en la comisaría de policía.
La cosa es que estaba yo esperando el ascensor cuando se me ha cruzado un armario ropero de 2x1 con una mochila a la espalda. Y me ha dicho hola. Y yo le he dicho hola (es que soy educada a veces, y todo), y cuando lo he visto, me he quedado pillada con la mirada que me ha dedicado.
Retrocedamos en el tiempo.
En mi adolescencia, a pesar de ser un patito feo, tal vez por mi carácter, tuve unos cuantos... admiradores. Hubo uno, el mencionado armario ropero que, entre sus hobbys, estaba el hacer culturismo. Y su tema de conversación con todo el mundo era el culturismo. Y cuando hablaba conmigo, acababa siempre haciendo referencia al culturismo mientras me enseñaba un bíceps como yo entera. Lo cierto es que el tío tenía un cuerpo de escándalo, pero no le regía bien lo más importante: la cabeza. Que una puede tener sus gustos, pero el ser deschavetao, como que no me gustaba a mí...
Varias veces fueron las que el chico se hacía el encontradizo conmigo... la misma noche en el mismo bar, pero durante varios meses. Varias veces fueron las que intentó quedar conmigo o saber dónde iba a estar después de abandonar el bar de siempre. Varias veces fueron las que me intentaba acaparar de la gente con la que yo iba... Pero a pesar de tener un cuerpo digno de envidia para el resto de los mortales, el cerebro lo tenía vacío. Sólo sabía decir culturismo... mira, mira, toca, toca... pesas... levanto jsdfhentos kilos... a las chicas les gusta esto... si yo quisiera tendría a quien quisiera... Hasta que un día aprendió una frase entera (o eso me pareció a mí): Me presento a oposiciones para el cuerpo nacional de policía. Y volvió a insistir para quedar conmigo, pero no tuvo suerte.
Volvamos a esta mañana.
Yo ya sabía que había estado en Barcelona destinado, no sé si de interino o con plaza, pero ahora ha regresado a la ciudad/pueblo/aldea donde resido. Su mirada ha sido de orgullo, así como diciendo: mira, soy policía. Ya sé que es policía, ¿y qué? Pues que le vaya bonito.
...Esta historia se ha repetido muchas veces con toda clase de oficios y con varios varones del mundo residentes en mi ciudad. Lo que no entiendo es cómo se han preocupado de tener un buen trabajo siendo que ni se han molestado en cambiar su forma de ser ni su mentalidad.
Hay chicas, como yo, por ejemplo, que ha dado más importancia a otras cosas. Como por ejemplo, a los barquillos rellenos de turrón (snif, ya no encuentro...)