Un copón es un copo grande.
Para los que viváis a más de doscientos metros sobre el nivel del mar, es bastante más normal ver nevar que si lo viera yo. Pero que yo, que vivo en un poblacho a un palmo sobre ese nivel, cuando caen tres copos la gente aquí se revoluciona.
Nueve menos algo de la mañana. Suena el teléfono y voy echando leches sin darme cuenta de que anoche me acosté sin pantalón. Al salir de la habitación he notado que mis piernas ya no me respondían. Arrastrándome casi, he conseguido llegar al teléfono, yo ya estaba azul, a punto de amputar mis piernas a bocaos. Era mi madre.
-¿Has visto como nieva?
Oño!!! En la vida he visto nevar así, y menos aquí. Todos los coches con un palmo de nieve, los tejados también, unos copazos enooooormes y yo, medio congelá mirando por la ventana. Espero que ningún vecino me haya visto, que vaya delito estar en esas pintas.
Y es que aquí, cuando nieva, es que el resto del mundo está congelaito. Porque aquí, la última vez que nevó fue... guá, era yo pequeña...
Alguien se preguntará que cómo es que me llama la atención la nieve. La respuesta es que en mi planeta nieva muy poco.