Autocrítica.
Yo reconozco que soy lectora infatigable y no me duelen prendas. Me leo hasta los prospectos de los medicamentos, porque no está de más saber de qué va cada uno. Eso siempre ha sido motivo de mofa en mi familia que, a pesar de no ser incultos precisamente, se me ha comparado desde mi más tierna adolescencia con Lisa Simpson. Vamos, con ocho años no digo que no, pero a estas edades... Si es que es mejor aparentar ser ignorante. Cualquier muestra de inteligencia, en este mundo cruel, se paga caro (y así me ha ido...).
Tampoco me desagrada la prensa seria, ni la del corazón. Hasta leo cierta revista la mar de INTERESANTE en la que alumbro mi ignorancia por la ciencia y temas varios. Pero es que una es de letras y prefiero las cosas claritas (si fuera para mí en concreto, preferiría que la revista tuviera como subtítulos "para tontos", así me entero más).
Nunca he hecho publicidad de ninguno de los blogs que leo. El mío es cutre, muy cutre, al que apenas pongo alguna imagen (cuando veo una que puede servir) y mi manera de escribir deja bastante que desear. Pero hay algunos que leo todos los días (productora y consumidora) y me hacen reir mucho, o me hacen pensar en ciertas cosas. En ellos, la gente plasma su imaginación, su vida o su humor del color que sea. No suelo leer esos blogs de "hoy vi llover y mis lágrimas empañaron el recuerdo de su nombre". Vale, me gustan los poemas, pero no soy tan ñoña. Yo procuro escribir lo que se me ocurre, a veces he tenido un bajón de moral que he reflejado en algún post, pero con ello nunca busco que nadie me tenga lástima ni pongo cosas soeces para llamar la atención. Esto lo empecé por diversión, para poner un puntito de humor a la vida, a costa de reirme de mí misma.
Si mis miserias han quedado expuestas públicamente y le ha ofendido a alguien, lo lamento profundamente. Si cualquier hecho ha coincidido con alguna de vuestras realidades, ha sido por puro azar. Pero si he conseguido, por un segundo, hacer brotar una sonrisa vuestra, puedo darme por satisfecha. No soy escritora profesional y creo que jamás lo seré (dicen que antes tienes que plantar un árbol y tener un hijo), pero si mi manera de escribir le ha gustado a alguien, puedo estar más que contenta.
Esta autocrítica, que está siendo más larga que cualquiera de mis posts anteriores, viene porque a alguien a quien le escribí algo, parece más que encantado con las frases que le envié. Cuando hablo doy mil vueltas antes de contar lo que quiero decir realmente. O me explayo en enumerar detalles antes de contar el final. En cambio, cuando escribo, prefiero ser más explícita pero no brusca.
Por todo ello, y sin dejar de perder ese puntito de humor que intento ponerle a la vida, quiero advertiros que, si no os gusta lo que escribo, siempre puedo volver a hablar de los gavilanes (terminaron! si! si! por fin!).
Ahora, esa hora diaria que perdía frente a la tele, la perderé en otros menesteres varios. Como por ejemplo, esta autocrítica.