Un poco de mitología.
Érase una vez dos amigos llamados Zeus y Poseidón. Tenían un pequeño problema: les gustaba la misma chica, una muchacha que vivía en su misma calle llamada Tetis. Prometeo, para advertirles del mal rollo que tenía la chavala, les advirtió que, quien se fuera con ella, la dejaría embarazada y tendría un niño con poderes especiales que se lo cargaría. Así que los dos se retiraron por la cuenta que les traía y el pobre pringao de Peleo, todo un rey de los Mirmidones, fue el que cargó con ella.
Por motivos de esos raros de los dioses del Olimpo, a la nueva madre Tetis se le ocurrío hacer a su hijo Aquiles inmortal, por lo que lo llevó al río Estigia y lo sumergió. Otros rumores apuntan a que lo untó en ambrosía. Pero la cosa es que se le olvidó el talón por donde sostenía al niño (vaya madre, vaya manera de coger a los niños).
Bueno, el Aquiles este resultó ser un héroe en su pueblo, y se iba de guerras por ahí, e hizo amiguitos como Patroclo, hasta que se dio cuenta de que entendía: si no, que se lo pregunten a Troilo.
Cabreado porque le mataron a su amiguito Patroclo, empezó a cargarse a media Grecia. Finalmente, en una riña entre borrachos, un tal Paris le clavó una flecha en el talón que no se mojó en el río (o en ambrosía, a saber), y se cargó al protagonista.
Todo esto es para explicaros que me duele el tendón de aquiles.
Y lo mejor de todo, si no os gusta cómo he escrito la historia, esperaos a que la cuente tal y conforme está escrita.