El Rey Gaspar.
No sé a vosotros, pero a mí me gusta el Rey Gaspar desde siempre. Eso de ser el segundón, de barba color canela, más joven y menos exótico que los otros como que me llamaba mucho la atención. Por eso quise que fuera mi Rey Mago (es miiiiiiiiiiiiio).
Pues que sepais que se ve que he sido buena este año. Muy buena. No por la cantidad, sino por la calidad. Aquí no voy a detallar mucho los regalos para no poneros los dientes largos (ya sabeis, un chalet en la playa, una mansión en Marbella... cosas así, lo típico).
Y en la calle, cuando pasaba la cabalgata de reyes, todo el mundo ha pasado hasta de mi Rey Gaspar para pedirme autógrafos y hacerse fotos conmigo. Gracias, pero es que a mí, tanta popularidad, me cohibe un poco.
He recibido hasta el mensaje de una amiga que lee el cutreblog este y me amenaza con cortarse el pelo al uno porque no he escrito nada de ella aquí... Y la cosa es que sí he hablado de ella, se ve que no lo ha encontrado. En fin, tendré que idear cómo poner aquí su vida reflejada para que nadie, ni la policía montada del Canadá, sepa de quién se trata (es otra heroina)(no, de droga no, de las otras)(si, de las que salvan el mundo)(esas, esas).
En fin, mientras descanso y ceno buscaré una idea y la plasmaré, no sea que me arrastren esta noche a la lujuria y la perversión de los hombres. No es que quiera, pero qué le vamos a hacer. Si se dejan...