La ley contra el fumeteo.
Soy fumadora y no me avergüenzo de nada. Me huelo mal, pero a mí no me importa la imagen que pueda darle a los demás, que se hurgan las narices, escupen en el suelo y se tiran pedos, además de rascarse el culo mientras hablan conmigo. Pero es que ha salido una ley en contra del tabaco, a seguir desde el uno de enero. Me quedan dos dias para fumar en el trabajo, en el cine, en las bodas y comuniones y, si se ponen tontos, en los tanatorios. Pues nada, fumaremos. Pero no sale ninguna ley en contra de los que se rascan un huevo delante de tí... Cachis, mala suerte,oyes...
Pero es que hoy el cuerpo no me pide nicotina. Eso de tener dos días aún de barra libre como que no me llama. A estas horas, he sobrevivido con dos cigarros, y tengo un chicle de menta ahora mismo calmándome. Y la cosa es que estoy más que tranquila. No me preocupa ya fumar o no en el trabajo. Me preocupa que no salga una ley de los que se encierran en un despacho y echan kikis a mediodía. O de los que se van de putas y no pagan IVA. O de los que se hacen rayas, y no discontínuas precisamente...
Y eso de que el uno de enero entre en vigor la ley, me suena lo mismo que con el euro: el día uno, con mi primer billete de euro (de 20, por cierto), me voy ufana a comprar tabaco... y me devuelven en pesetas... Pues con el tabaco, lo mismo... Con la última campañada, me veo a todo el mundo sumergiendo su cigarro en la copa, porque ya no se puede fumar, pero a los cinco minutos todo el mundo, venga, dale, uno tras otro (son las ansias, oye), mientras la sala está más brumosa que nunca y todo el mundo sale de allí con un color sospechosamente negro en la piel.
...Y que no se pueda fumar en las bodas, me veo que los padrinos, en vez de puros, dan matasuegras o trompetillas. Y no queda mu bien, no...
Entonces, los indios tendrán que dejar la pipa de la paz. Y las iglesias dejar botafumeiros e inciensarios (total, es hierba que se quema y se aspira). Y los coches de tirar humo, que es bastante peor que el de un cigarro...
Dirá el eslógan que sabemos que será bueno para nosotros. Pero yo digo que ellos qué sabrán lo que es bueno para mí o lo que no es bueno... Que se metan un poquito más con la ley del menor, con la de los maltratadores, con los que se dan a la fuga tras un atropello... Que el que fuma, lo hace por gusto. Pero el que se lo deja, también.
Así que hoy anuncio públicamente que intento dejar de fumar. Sin forrarme en parches, ni acupunturas, sin anestesia ni ná. A ver qué sale de esto...
Y, si es niño, le llamaré Yonatan Cristofer.