Las recetas de la abuela
Resulta que no hay nada mejor que seguir las tradiciones para que no se pierdan, aunuqe no sirvan de nada. Atrás quedó el tirar a la cabra del campanario, pero hay quien sigue andando sobre las ascuas con alguien subido encima, o los que forman una torre humana con guinda infantil, que se desloma si se cae. Pero no, no voy a hablar de toreros ni folklóricas, sino de las recetas de las viejas que, aunque no sirvan para nada, es mano de santo, oiga. Pura sugestión.
Que si los antojos de las embarazadas, con sus ardores de estómago y que no te puedes lavar cuando tienes la regla. ¿Cuántas veces hemos oido cosas así? Yo, infinidades, pero quiero hablar de una en especial, y que quede para la historia.
Un famoso herbólogo naturista sale en la tele (años ha) y dice que lo mejor contra la calvicie son las ortigas, en infusión, dejarlas macerar, y te das friegas en donde quieres que te salga el pelo. Y ale, la tercera edad de la familia buscando ortigas para ponerlas a cocer, dejarlas macerar y darse friegas. Pero eso no es lo impactante. El herbólogo suelta que hay un truco infalible: el aceite de las cacas de gallina fritas. Y ale, todos a buscar cacas de gallina para freírlas.
Acababa de despertarme cuando noto un olor... bueno, no era una olor, era más bien el fin del mundo según mi olfato. Toda la casa olía a rayos, era insoportable, y mi abuela abría las ventanas en pleno invierno, intentando disimular. El aceite de las cacas de gallina fritas, en un bote, esperaban a ser untadas en la cabeza de algún proyecto de calvo o de alguien que tuviera la raya un poco más ancha de lo normal... Y a la semana, no sé quién se las puso, pero decían que daba resultado.
Después de dar ese consejo, a este herbólogo o lo que sea lo ví ayer en la tele. No sabía qué era de él desde entonces. Y pensé... Ostia, necesita una dosis de caca de gallina fritas porque de tonto le va quedando poco pelo...
Será la memoria que le falla o sería para divertirse. Pero los que fuimos testigos presenciales del aroma del evento, no le vimos ninguna gracia. Es el peor olor que he tenido que aspirar en mi vida. Y antes que ponerme de eso en la cabeza, como él, prefiero quedarme calva. Como él.
Eso sí: si era mentira, cuánto reiría...