Superzrú
En realidad no soy una chica. Cuando la gente no me ve, me convierto en superzrú, el terror de las injusticias de la vida cotidiana. Ante uno que se cuela en la fila de correos, ahí voy yo, sacándole a patadas de la oficina. Qué se habrá creido.
Luego me dedico a que todas las palomas se terminen con la ración de maíz de las plazas. Si una persona les echa, ya me encargo yo de que se lo terminen, porque eso de dejarse a medias la comida está muy mal y es de ser maleducado. Luego barro un poco la plaza, claro. Por las cacas.
También me encargo de que las plantas tengan sus horas de fotosíntesis. Es fácil: basta con hacer que crezcan. Si con el plantavit no hay resultados, siempre están las cacas de las palomas que he barrido antes.
Además soy la que busca en los diccionarios palabras en desuso. ¿¿Que para qué?? Pues para que no caigan. Así que ahora tendremos que utilizar nixtamal, noceda o reciario, así que ala, a aplicarse.
Y si no os portáis bien, os mando al tío que se cuela en las colas de lás tiendas.
Porque yo soy superzrú. Y no necesito mayúsculas para anunciarme. Basta con repetir tres veces bitlechus... espera, no, era... padrenue... tampoco. Bueno, lo mismo me aparezco cuando me necesitéis, pero no lo aseguro del todo.
Porque yo soy suprezrú. Porque yo lo valgo.