Sólo son tres euros...
En menos de diez días tenemos aquí la lotería de navidad, el sorteo por excelencia de España, al que menos mal que le han subido los premios, porque vaya mierda. Si me gastara todos los meses en primitivas o euromillones lo que me gasto en lotería de navidad, fijo que me toca. Pero fijo.
Y ahora te viene el compañero con un fardo de participaciones del colegio del perro o vete tú a saber... Anda, que sólo son tres euros... ¿y si toca, eh, y si toca...? Aquí nosotros de risas y tal, y tú más rancia que una sardina al sol... Y cómo no le vas a comprar, aunque el número tenga seis cifras, aunque la papeleta tenga el tamaño de una sábana... ¿Y si toca y me veo postergada a la desdicha de ver a todos un poco más felices económicamente que yo y yo sin motivo para abrir la botella (sólo para rompérsela a alguien por no insistirme un poco más el día de la venta)?
Pero es que yo no suelo comprar nunca lotería, pero en navidades a ver quién no le compra al niño de la vecina que con su compramequesonsolotreseurosandacompramecompramecomprame: lo haces para evitarte un homicidio en primer grado y que Herodes dejara de tener mala fama estando tú...
Y luego, llega el sorteo, no te toca, te cagas en tus muelas, rompes todos las participaciones, miras tres veces los décimos por si acaso, y cuando ves que no tienes ná de ná, dices: Por lo menos tenemos salud.
Que tenemos salud, que tenemos salud... Salud tendremos, pero cuando sale el gordo en la otra punta del país se te queda una cara de gilipollas... Ha tocado en tal pueblo, provincia de tal... Y tú piensas... ¡Anda, si es el pueblo que empieza por la misma letra que la cajera del Carreful que me cobró cuando me compré esos cedés que no iban...!¿¿¿Cómo no se me ocurrió ir allí???
Lo dicho: el día del sorteo de navidad a unos les hacen más felices, y a otros nos deja una cara de gilipollas digna de ser fotografiada...