Je ne veux pas travailler.
Anda que la cancioncita de marras no se me ha metido entre ceja y ceja. Primero la escuché en un anuncio de un coche con nombre de pintor, y ahora en la promoción de una serie de televisión, y todo el día cantando que no quiero trabajar ni desayunar sólo quiero el olvido y al final fumar (o algo así, pero en franchute).
Con esa cruel banda sonora (dulce martirio)me pongo a hablar de este fabuloso puente, que voy a dedicar a pintar mi casa, que está ligeramente amarilla por el tabaco.
He descolgado un cuadro para hacer la prueba del algodón, y se ha quedado pegado a la pared, mientras yo estaba mirando el hueco del marco, admirando el blanco inmaculado que tenía la pared en su día, y ahora tiene un sospechoso color sepia. Menos mal que ese color se estila y se ha disimulado bastante bien, pero tengo que remediarlo con varios kilos de pintura plástica.
Pero el domingo, que lo tendré todo pintado y arreglado, me iré de comida con unas amigas, a celebrar el cumpleaños de una de ellas.
El lunes, a más tardar, nacerá la hija del príncipe (porque será una niña) que no se llamará Juan carlos, por supuesto. Y si naciera el martes, esa niña tendría, y con motivo, que llevar el "de todos los santos" de coletilla de su nombre de pila, que será Virginia, porque no hay ninguna en la casa real. O Eufrasia, quién sabe, en mi honor.
El martes plancharé toda la ropa que tengo pendiente, eso si no me llaman para hacerme la foto oficial en la clínica con la recién nacida, por la que cambiarán la constitución, porque seguro seguro seguro que su madre se pondrá de narices para que lo hagan, que vivimos en el siglo XXI, y eso de que si el niño va antes que la niña no le habrá gustado.
Y el miércoles, de vuelta al trabajo y a pensar qué vestido me pondré en el bautizo de Virginia, porque yo seré la madrina y tendré que salir en todos los holas en portada.
Este es el regalo que le pienso hacer, para que sepa qué veíamos de pequeños, y le hablaré de quién era Afrodita, qué decía, y quién era realmente Joji Kabuto.
Que me he dado cuenta que he hablado más de la cuenta. SEguro que ya no seré la madrina, por contarlo, que será un niño, por llevarme la contraria, y que se llamará Poloniato, que en la casa real tampoco hay ninguno.