Las bragas.
SI hay una cosa importante es la vida son las bragas. Pensad que casi todo el mundo no sólo tiene más de una, sino que cambia de color y de modelo todos los días (y si no, eres un poco guarra). Algo así como tunear el coche, pero más barato.
Fijaos si son importantes, que ¿a quién no le ha dicho su abuela alguna vez "lleva siempre las brgas limpias por si tienes un accidente"?
Primero están las bragas de algodón de toda la vida, que siempre (no sé cómo) acaba por deshilacharse por la cinturilla. Blancas, inmaculadas, son las que NO te pones cuando tienes la regla o usas pantalones blancos porque se transparentan.
También está la braga-faja: aprietan de narices para hacer creer al mundo que ese vientre plano no necesita aerored, y ese culito respingón flota en el aire al caminar.
Mención aparte merecen las tangas. No hacen su trabajo al 100%, porque es como ponerte en la cabeza un papel cuando en verano hace 56º. Eso sí, se recomienda para prendas ajustadas o insinuadoras... y que la celulitis no sea demasiado evidente.
Luego también están las bragas de abuela. Grandes, cómodas y para gente sin complejos, son polivalentes. De manta, de tienda de campaña o paracaidas. Compres las que te compres, siempre encontrarás utilidad con ellas... aunque no te las pongas.
Por último, el refajo que te pones cuando se te ha puesto el culo como una mesa camilla, encima tienes la regla y quieres (o por lo menos lo intentas) ponerte esos pantalones tres tallas más pequeños que la actual, ya que hace dos años te venían genial...
Otro día os hablaré de los calzoncillos.¿Vale?